La sala-cueva había sido linda.
Cuando llegó la sombra del sol, lo cogió de lleno en el rincón bajo las escaleras, con una media salida y legañitas en el ojo izquierdo.
La sala-cueva...oh, la tele samsung...
oh, el control remoto en su forrito Vinifan ...todo el frescor de la sala-cueva...(sacada de lengua a la luz del sol)...
mmm... caracho, dónde me habré dejado yo la otra media??...
oh, el chapulín... ya empezó, maratón del chapulín... 3 horazas de chespirito...ouooohh.
(Narrador)Oh, Hidrandina...Oh, es Domingo, apaguemos los generadores........Pluf! se fue la luz.
Tardó un poco en comprender que no vería Chapulín esa mañana. Caracho. Encontró su otra media y se sacó la legaña.
-Kitty!
-miau (qué)
-Vamos a jugar. Tú eras el caballo de este muñeco.
-miau (no gracias)
-Bien, y tu caja de arena era el desierto.
-miau (está de caca)
-Vamos, kitty.
-Ya ps, qué voy a hacer...(miau!).
19 abr 2008
Fbck hace diez años
24 mar 2008
Habichuela's Fbck
-...y por eso, choferaza no soy-dijo su tía-.La otra vez me caí en una zanja por tratar de cambiarle a la radio.
Eso no sonó muy alentador, pero bastaba con echarle un vistazo al panorama. De izquierda a derecha, de arriba a abajo; Habichuela comprendió que en un lugar tan lindo, la gente no podía morirse en un accidente automovilístico.
El sol recortaba la sombra en diagonal, desde atrás de la hilera de casas. La pista era angosta y de doble sentido, las calles apretujadas se comían las veredas, a veces de subida, otras de bajada, o todo horizontal. Él se imaginaba viviendo en alguna casota de esas, de dos pisos, dos, increíble, qué haría la gente con tanta casa, seguro que había habitaciones para todo. Si él viviera allí, hablaría italiano, haría buenos amigos, sería amable con todo el mundo y... no se le ocurría qué más. La idea de trabajar en alguna tienda, o fábrica cercana, le asfixiaba en el pecho. Bueno, decidió, viviría por temporadas y nunca vendría sólo y además no se olvidaría de ponerse internet, eso sí, porque sino, ahí sí se moría.
Frenón de golpe. Su rostro casi se estampa contra el parabrisas. Las gafas fueron a dar por debajo del asiento.
El sujeto que conducía el otro auto les miró frunciendo los labios, pero sin una idea clara sobre quién fue el imprudente; por tanto no sabía si pedirles disculpas o bajarse echando pestes sobre ellos. Al final sólo retrocedió, les dio paso, y la tía de Habichuela decidió seguir conduciendo. Estúpida calle pintoresca, angosta y de doble sentido, a quién se le ocurre.
-No es culpa de la calle, sino del gordito-dijo ella-.Yo tenía la preferencia...-repaso mental del manual-sí, yo la tenía.
Bueno, pensó Habichuela, una vez que pasó el susto, está comprobado, aquí la gente se muere de vieja.
11 mar 2008
otro FBck
Sueño, tenía mucho. Y es cierto que coincide con la depresión, el aburrimiento, la tristeza. Pero, siendo quien es, principalmente era sólo sueño; la tristeza ya estaba suficientemente amordazada. Debajo de la garganta, como si se hubiera desayunado una cosa rara. En realidad casi no había desayunado. No tenían mucho dinero, a esas alturas del viaje, y su padre no había insistido cuando él le dijo que no tenía hambre.
-En el avión ya me darán algo.
Comió galletas de ayer y un jugo de naranaja, embotellado, que se cargó el esmalte de sus dientes. Tiraron el resto. Sacaron las maletas del armario y cuidaron de no dejarse nada. Saliendo del hotel, la postal odiosa de siempre. Blanco y negro, blanco y negro; todo en una coctelera, bien agitado por un barman ridículo y listo, ta-tan, la ciudad gris.
Ya subiendo al taxi se disculpó con el barman, no tenía nada en contra de su ridiculez, es que es esta ciudad, o tal vez ni siquiera sea la ciudad, es la tristeza, nomás eso. Sólo que tampoco ayuda, nada de esto, nada ayuda; decía.
Hay veinte mil rutas, desde el hotelucho hasta el aeropuerto. Y cada vez que iba, el taxista se aseguraba de tomar una que no el no conociera. Por eludir peajes, o porque, la verdad, señor, no me ubico bien todavia, jeje. Y así, de forma que, con sendas maletas que llevaban atrás, él y su padre siempre contemplaban la posibilidad de que les roben. Y se la pasaban sufriendo todo el viaje, porque la vez pasada el taxista no se metió por esos pampones, no papá?, le decía con una mirada. Y su viejo asentía. Pero al final nunca les pasaba nada. Un cartel salvador de: "Aeropuerto -> " les dejaba respirar tranquilos. Sólo para volverse a angustiar, porque aún faltaba la espera. Es que llegaban algo de cuatro horas antes, primero porque así es su viejo, cuatro horas antes por si acaso, y segundo porque se aburrían de mirar la tele. Y cinco meses después el se quejaba, papá, me olvidé de decirte que aquí la tele también aburre, una cochinada, papá. Programas inútiles donde discuten si una vieja momia está saliendo con el bueno para nada moreno, o si con el rubio. Me aburre, y, es cierto la tele de Perú también aburría. Pero aburrimientos que me conciernen, al menos eso, papá; se quejaba. Y luego de colgar, miraba a su alrededor y recordaba que su vida se había movido, como un trozo de tierra. Además de las fronteras, el Perú termina en el aeropuerto, pensó. La puerta de salida. Se le habían quedado tantos puñados de tierra, demasiados. Y esa última vez que le vio, todavía faltaban cuarenta minutos para el embarque. Podía quedarse más tiempo, esperando como espectro, pero es igual.
-Anda, ya.
-Sí, creo que ya.
-Cuídate mucho.
-Sí, tú también...bueno. Chau.
No lloró, no. Él tampoco. Se lo tragó todo y al cruzar hasta la sección de pasajeros, vio que el aeropuerto continuaba. El pasillo enorme, interminable, abarrotado de tiendas lindas y turistas felices de la vida, porque ya se largaban, Cuzco precioso, eso sí, o la ciudad que sea, cualquiera que hubieran visitado, pero Lima no, Lima es sólo un coctel: blanco y negro, blanco y negro, agitado todo por un barman ridículo.
Y eso le hizo gracia, coincidían mucho.
8 mar 2008
FBck
aburrido,aburrido, aburrido.
-I need, I need...dar un paseo-deja ya de pensar en inglés!
Me sequé, me vestí y salí con la bici.
-Ya vengo.
-A dónde vas?
-Ya vengo.
Condicionadísimo por la música de mi mp3 pedaleé un rato hasta coger la vía ciclista en... una calle. El punto es que eran las seis y algo... y yo quería ver el atardecer en la barceloneta. Sentadito en el muelle, con una mano sujetando mi bici y con la otra tirándoles pancito a los peces. Lo cual casi me cuesta 50 euros.
-Oiga, no le tire basura a los peces, hombre.
-Es sólo pan.
-A ver.
Y confiscó mi pan.
-A la próxima le multo. Esto no se puede hacer.
-Pero, aquí yo no hago nada porque se me ocurra, señor. Como extranjero que soy, siempre ando muy cuidadoso de no molestar a nadie, ni transgredir las normas. Esto se lo vi a hacer a dos...
Aquí me detuve un rato a pensar: Cómo rayos se dice "moros" sin ofender.
-...unos señores musulmanes.
-Ajajá!
Pero bueno, yo acaba de salir del edificio y eso todavía no iba a ocurrir a menos que algo alterara el normal transcurso del espacio-tiempo y evitara que yo pudiera llegar a la barceloneta a tirarles pan a los pescados.
Y en efecto, empezó a llover. A cántaros.
Y la gente feliz porque es época de lluvias sólo que no llueve y luego la generalitat pone restricciones a los ricos que quieren llenar sus piscinas con agua que luego nos falta a los pobres, y los ricos se quejan: pobres de nosotros, quién nos manda ser ricos...cosas de esas. Porque me acuerdo que leí en un periódico, acerca de ello. El texto no me parecía del todo completo, en cuanto a la información. Pero, en fin qué se le puede pedir a un periódico gratuito que suele poner titulares del tipo: Los españoles las preferimos delgadas. Estúpido diario, y encima en primera persona... subjetivos, éstos. Las preferimos... las preferimos... mientras que en algún lugar del mundo una multinacional se está cargando un bosque, una población, un ecosistema...delgadas...delgadas...las preferimos...ahhhhhhhhh.
Bueno, estaba en que había empezado a llover y mi bicicleta no es montañera, es urbana, o así le llamo yo; el caso es que a las llantas les dio por patinar sobre el suelo mojado, me fui de bruces, rodé un poquito y dije: au!
Es así como se alteró el normal devenir del espacio-tiempo, el guardia que me iba a multar por tirarles pan a los peces se quedó esperando hasta muy de noche, pero no encontró a nadie a quien multar porque yo a esas horas ya estaba en el edificio, subiendo mi bici y mi cuerpo por las escaleras, porque no hay ascensor, y como dijo una señora: yo me muero, y ni lo pondrán.
-No diga eso, señora Nuria-dijo mi mamá.
-Así son las cosas, mira. Llevo 35 años en este edificio y aún no me ponen el ascensor.
-Bueeeno-dijo mi mamá.
-Y este joven no habla?-me señaló la señora Nuria.
Porque yo no hacía otra cosa que mirarlas hablar y sonreír. Es que últimamente me ha dado por la consigna de: Una sonrisa no cuesta nada.
-No, es callado-dijo mi mamá.
-(sonrisita no cuesta nada)
-Ahh, como mi hijo, ése es igual.
-(se podían contar mi dientes, 1,2,3...)
Al rato subimos y la señora Nuria se quedó abajo esperando su taxi. Y a veces pienso que hubiera sido bueno avisarle que los taxis, ese día no pasaban por casa porque había una maratón; pero no, justo tenía que haber estado yo con el rollo de: sonrisita no cuesta nada.




