8 jun 2008

Martinsito desfamiliado



Maletas, maletitas maletotas. El taxi se fue echando tierra con su tía dentro. Chau, chau con la mano, tía, chau con la mano porque la carcocha hace bulla y no se oyen los adioses con la boca. Martinsito, chau, me oyes?, chau hijito, ya saludaré a tu mamita, le doy tu carta, sí, sí...me oyes?...carcocha de miércoles.

Esa despedida fue una marca más a la tabla llena de tajos que tenía en el espectro de recuerdos dolorosos. Martinsito asociaba toditas las despedidas que había pasado en sus diez años de vida de mocoso mimado, buena gente y peleón, sólo que entonces no tanto, sino más bien el niño sólo se limitaba a ser una máquina de flashbacks viviente. Todo el mundo se le iba para el extranjero al desgraciado; y no podía hacer nada para evitarlo, se sentía impotente sin darse cuenta, se ponía triste sin saberlo, y hasta lloraba en sueños cuando soñaba que el perro también se le iba con su maleta y en taxi. Entonces se levantaba asustado y como le daba más miedo atravesar la casa hasta la habitación de su abuela, mejor se ponía a contar ovejas. Una ovejita salta la valla, dos ovejitas saltan la valla, tres ovejitas saltan la vaya. Coño, entonces se ponía a pensar en las ovejitas que quedaban atrás y todavía no saltaban la vaya y se ponían tristes porque sus amigas se iban pa' el extranjero, del otro lado de la vaya donde hay pastos más ricos. Entonces detenía todo el proceso de migración ovejil, se ponía a pensar un buen rato y al cabo decidía hacer saltar a todas las ovejas al mismo tiempo. Cien ovejas saltan la vaya, menos una. Eso era ley. Siempre una se debía quedar para extrañar al resto, sino cómo. Y se quedaba dormido.

Cuando sus primos se fueron a España, primero no se fueron en realidad. Porque viajaron hasta Lima y se regresaron por un embrollo con los pasajes y la aerolínea. Estuvieron una semana en la ciudad y entonces ya se fueron de verdad. El abuelo lloró, una tía lloró, la prima lloró, todos menos él que andaba comprando chicles y esperando siempre hasta el último momento para entregar su carta. Se la llevas a mi mamá. Los primos subieron al bus y no les tocó ventana, pero igual fregaron al de al lado para acercarse a decir chau, con la mano. Chau, chau, con la mano y él se acordó de su prima, tampoco le había tocado ventana la vez que se fue. Jeje, con ella sí fue más difícil entregar su cartita, porque no se despegaba del novio todo el tiempo que estuvieron en la agencia. El muchacho ya perdía la paciencia y decidió materializarse en medio del último beso número mil que se daban. Hola. Los tórtolos como que se atragantaron con la impresión, el novio se retiró tosiendo, y ella le arranchó la carta, ya, ya, yo se la doy, vete, vete. Y se la guardó como pudo en el bolsillo del jean, en el bolsillo del jean!. Cuánta desconsideración junta, su abuelita no hizo eso. Cuando ella se fue, le cogió la carta con mucho cuidado, y la introdujo en su bolso. Ya, papito; se va a poner contenta tu mami. Y fuuiuuu se le deslizó la lágrima por el rostro llenito de surcos. Ahí sí lloró, Martincito. La abuela se fue y por primera vez se sintió huérfano. En la casa inmensa ya solo quedaban su tía, sus dos primos mayores y su abuelo quijotesco que rejuraba a todo el mundo que la abuela se llevó a su amante escondido en una maleta.

Y hablando de maletas, aquella tarde de las maletas, maletitas maletotas, fue de las más tristes para Martincito. Chau, tía, chau con la mano, carcocha de ñuña. Al día siguiente se llevaron al abuelo con Rocinante y todo pa'l asilo. Aparecieron unos primos con sus esposas y se repartieron la casa en mitades. La familia creció con Martinsito en medio y con el paso de los años siguieron exportando gente, como era tradición, menos a él porque alguien tenía que quedarse pa' extrañar, sino cómo.

26 may 2008

en el banco

-Buenos días, vengo a pagar una tasa. Esta de aquí-zarandeó el papel-, es para mi ejecución.

-Por su puesto, a ver, déjeme la resolución...ajá...sellamos esto...

-Con cuidado por favor, no me arrugue la hoja.

-Oh, sí, lo siento, lo siento...esta copia para usted y esta otra para el banco. Ya está. El importe es diez con treinta...precio de las balas y costal incluido para el cadáver.

-Perfecto, qué gusto hacer un trámite bien hecho...emm...pasa algo?

-No, nada; es que suelo cobrar cinco con veinte.

-Ah, claro, pero yo me pedí balas calibre 30, sabe?... de esas nuevas que lo atraviesan más fácil a uno.

-Pues muy bien hecho, señor; de vez en cuando hay que darse sus gustitos.

-Sí, ya ve. Si no es ahora, cuándo.

-Obvio. Entonces me firma por aquí y ya está. Todo el papeleo listo, su ejecución la tiene fechada...sí...aquí lo pone: martes veintiuno de mayo del año en curso...no... no me diga! qué mala pata, se pierde usted la final de la champions.

-Eso mismo le iba a decir, oiga; para que vea cómo es la burocracia. Mi abogado ya está trabajando en la apelación de la sentencia. A ver si me la posponen un par de horas, para ver el primer tiempo.

-Qué crueldad, ojalá tenga suerte.

-Gracias. Ya me voy retirando.

-Nos vemos, hombre...aunque lo dudo mucho jeje... Por cierto, por qué lo ejecutan?

-Banalidades de la vida, verá: Optimismo flagrante en primer grado.

-Oh...

El funcionario le miró con recelo y dio por terminada la conversación. No vaya a ser contagioso.

20 may 2008

el pianista sin gracia I, quizás



Comida incluida, diez euros por hora cuando tocaba y cinco cuando lavaba platos. Precio justo pensaba el calvo de su jefe, a pesar de que su vieja madre bruja post jubilada creía que simplemente era un despilfarro de dinero, el tenerlo contratado.

No, no se llamaba Habichuela, ése sólo toca flauta; y éste le daba al piano. Donde quiera que viviese tenía uno eléctrico que le servía para practicar. Se lo cargaba a la espalda todos los días para subirlo hasta la azotea, por esto de que las viejas brujas post jubiladas abundan por todos lados, y él también tenía a una de vecina que no soportaba la bulla. Al techo, señor!! Y como era un edificio sin ático, cosa rara, cuiiiiii rechinaba la puerta cuando subía, encima que hacía un frío de la gran puna. Y dale que dale, tempranito por la mañana repasaba los mismos libros de ejercicios y se aplicaba en alma al método "páguese el piano mientras trabaja" y luego arremetía con los primeros ejercicios para estirar los dedos larguísimos que tenía y alcanzar toditas las teclas. Ya terminando se permitía repasar algunas de sus composiciones que tocaba con mucho sentimiento, lo suficiente como para que su madre se eche a llorar si lo escuchara, que en paz descanse.

Lava y lava platos como esclavo de manos arrugadas a pesar de que llevaba guantes. La cocina del bar era una humareda completa que le empañaba las gafas y el cocinero un experto en ensuciar las cosas, derramar y despilfarrar siempre que le entraba el trance de la creación gastronómica, mismo Pollock con el lienzo tirado en sesión action painting con dripping incluido. Y él lava y lava platos, molestísimo con la libertad creativa de los artistas, menos la suya porque él nunca fregaba a nadie, ni siquiera a la vieja, en fin. Entrada la noche la gente llegaba más que nada a beber, así con ganas de pasarse un rato en el bar, rematar el día, reunirse con los amigos, cenar un poco, o quién sabe por qué llegaban, pero no era para escucharlo tocar, por lo general. Si había fútbol llegaba mucha más gente, y a él lo fregaban porque eso implicaba más tiempo lavando platos y nada de tocar el piano, o sea que le pagaban menos, aunque igual siempre lo soportaba todo con tal de vivir de lo que le gustaba....vivir a medias, se corregía...casi vivir, se lo pensaba más...sobrevivir, eso está mejor. Sobrevivía de lo que le gustaba. Y si bien, no hay que negarlo, tenía cierto don para mover las teclas, a veces cuando enchufaba su piano eléctrico y miraba de reojo a la gente en la barra y en las mesas, todas a los suyo sin darse cuenta de él, se le iba todita la prodigiosidad y se sumía en una especie de desaliento que le dejaba nulo. Siempre jazz, por lo general, era lo que tocaba. Su preferido Ray Charles, y cuando conseguía olvidarse del clima sofocante que le envolvía, siempre se soltaba con un You don't know me, de todo corazón y con un atisbo de sentimiento. Entonces algunos dejaban de beber para mirarlo y darse cuenta de su existencia. Una especie de placer les recorría desde los oídos hasta las entrañas, porque el muchacho realmente tocaba bien esa canción, no digamos la cantaba porque si cantaba o no igual de bien, eso es algo que no voy a decir. El problema era que cuando conseguía la atención de todos, zas, sus propios rostros le traían de vuelta a la realidad y clic, casi se equivocaba en la nota final. Pero como ya acababa su turno, no hacía más que levantar una mano y despedirse, ponerse de pie, desenchufar los cables y cargar pa' dentro su piano. A seguir lavando un poco más de platos.


12 may 2008

Cogió su lapicero,

miró la hoja y luego la ventana. Dejó su lapicero, miró la puerta. Otro alumno llegaba tarde al examen. Cogió su lapicero. Estaba tomando aire para empezar. La perspectiva de tener que llenar seis caras de papel blanco de purita filosofía se le presentaba muy...ardua, jeje, dijo. Intercaló más miradas hoja-lapicero-techo-ventana. Cerró los ojos, y la nube del sueño le dijo "ven, yo te ayudo a llenar el examen".

Se soñó en su verdadera casa, y también en el sofá. Dormía en la sala porque un estudiante alquilaba su habitación desde hacía medio año. Las otras habitaciones igual. Tres estudiantes que a las finales alquilaban todo el departamento. Su padre hacía un año que se mudó a vivir con su hermano. Y los estudiantes, que por sobre todo eran como trolls: cochinos y brutos; mantenían responsablemente la casa convertida en un muladar a menor escala. Todo naufragaba entre desperdicios de comida, envoltorios y cubiertos. Era increíble. Los enseres de limpieza yacían sepultados por alguna parte. Nadie se molestaba en buscarlos. Siempre que mataban una araña, cucaracha o cosa peor, sólo habrían la ventana y fiuuuuuuu, echaban el cadáver del insecto a donde lo lleve el viento. Igual, Habichu' tenía que ir con cuidado para que no le piquen. Esa noche tuvo que desalojar del sofá toda clase de hormigas, arañas y más bichos raros que no había visto antes, quién sabe si una nueva especie producto del hábitat tan fantástico que ofrecía su casa.

Cof, cof, tosió uno de los estudiantes cuando bajaron a la calle, esa mañana hacía frío en particular. Ya lo sabía Habichuela, medio sonámbulo. Cayó hacia dentro cuando abrieron la reja. Llevaba dormido un par de horas porque cuando llegó fue tan temprano que nadie quiso oír el timbre. Hola, qué tal; le saludaron en un pésimo idioma humano, la lengua troll les sentaba mejor: estas son tus llaves, chau. El pobre pasó y subió cansadísimo las escaleras y adolorido porque uno de los trolls le tiró un coscorrón afectuoso a manera de saludo. Último escalón, introdujo la llave y abrió. No vio casa.

A ver, fue como si hubieran metido su departamento en una coctelera. Todo al revés. Habichuela no tuvo un solo recuerdo de su adolescencia para evocar en medio de esa desolación. Pasó unas vacaciones terribles.

Aquella noche trepó al sofá, y se quedó dormido rápidamente. Estaba en un examen de la academia, y él miraba su lapicero, luego el techo, la ventana, la hoja...todo intercalado una y otra vez. Y soñó que en su sueño una nube lo adormecía. No, no; se dijo; no podía dormir. Quedaba media hora y aún no había empezado, rayos, rayos...miró la hoja, cogió su lapicero, pero al instante giró la cabeza hacia la ventana, luego miró el techo, su reloj, la hoja, dejó su lapicero, todo intercalado... y sobre su cabeza algo sonó puuuufff, como nube que se mueve... entonces despertó del sueño intraquilo, quién sabe dónde. Él miró a su alrededor.

7 may 2008

probando diseños nuevos ¬¬

El día que llegaron los invitados, los preparativos para la fiesta aún no habían iniciado.

He llegado antes, porque me quería asegura de que habría buen clima, que serías la misma del año pasado, y de que yo sería el mismo, contigo. No sé si me dejo entender.

No, no, lo siento. El pueblo está tranquilo, pero los comerciantes han empezado a llegar. Están instalando sus tiendas, los castillos y los carteles. Las casas se convierten en restaurantes y se abre el hotel de la plaza mayor. Las cosas serán las mismas, seremos los mismos del año pasado, pero aún no. Por el momento todo está tranquilo, y tú has llegado antes.

1 may 2008

emmm....

Cafecito con Jenni, ella es la del café, yo llevo la lucidez en la sangre así que nada de cafeína, pero como soy tonto a veces, me bebo una coca cola, y un té e igual me lleno de cafeína, que por cierto la otra vez leí en internet los pros y los contras del café, decían algo de un paro cardiaco, y de crear dependencia, no me acuerdo bien; la cosa es que consulté en internet. Y la vez anterior igual, me dolía la cabeza, la parte de atrás para ser exacto y dale con meterme a internet a consultar si era un tumor o algo así. Pero no, nada, me encontré con cosas como: Cefalea Tensional, o hemicraneal paroxística crónica, o quién sabe si una cefalea por trastornos metabólicos... y yo diciendo: que no, doctor; sólo me duele la cabeza, por detrás, desde la mañana...Cefalea Tensional, o hemicraneal paroxística crónica Cefalea Tensional, o hemicraneal paroxística crónica Cefalea Tensional, o hemicraneal paroxística...así que mejor lo dejé, esas cosas pasan solitas. Pero al rato me dolió otra cosa y me descubrí tipeando mi molestia en el google, con un poco de preocupación, rayos; estoy mal. Pero luego me sentí mejor, y es que páginas más tarde descubrí foros y demás con gente posteando acerca de su males y pidiendo medicaciones a los otros usuarios jajaja, entonces por ahí le recetaron aspirinas a un tonto con dolor de cabeza, tonto por lo de no conocer las aspirinas, tonto. Pero más abajo el tonto contestaba diciéndole al bestia que le llamó tonto que lea bien; que lo que él quería era medicina alternativa, alguna hierba curativa que se toma en infusión, de preferencia que se fume, o algo así, y no una simple pastilla de esas que fabrican millones y que como ovejitas nos las tomamos como si nada, y formamos parte del sistema, masas no pensantes, objetos económicos bla, bla, bla... medio reaccionario era el tipo de la medicina alternativa, yo lo dejé mejor, y me pensé lo de la aspirina.

Es que me dolía la cabeza desde la mañana, ese martes. La clase de filo, casi no me enteré de lo que hicimos, y eso que la profe llegó de buen humor y todo. La cabeza me daba vueltitas y luego, antes de inglés, cafecito con Jenni, repito, yo me mantengo descafeinado de preferencia, menos cuando me olvido y me tomo una coca cola; que por cierto (paréntesis) alguna vez se han preguntado, qué ocurre cuando tomamos una coca cola? (paréntesis). Luego en inglés, ese fue el día que dije no al café, pero sí a la coca cola; creo que tanta azúcar me había quitado el dolor de cabeza, algo así como que ahora mi organismo tenía cosas más importantes que hacer, nivelándome el azúcar, y absorviendo toda la cafeína, que ya no le dio tiempo para lo de la jaqueca, jaja. De forma que yo ya me sentí mejor y chévere porque esa clase hicimos el tema de las películas y redactamos un poco y esta vez ya no le pregunté todo a la profe, sino casi todo. Y más tarde me acordé de que me tengo que descargar Donnie Darko.

28 abr 2008

Cerca,

en el campanario, hacía más frío de lo habitual, y a través de las llanuras se avecinaba la noche cargada de lluvia. Una cuerda deshilachada y vieja dormía los años en medio del silencio, bajo la sombra de una campana ciega. De vez en cuando hacía suficiente viento, y la cuerda se movía casi dos centímetros de su posición. Y de repente del otro extremo, a través del túnel que desembocaba en el ala lateral de la iglesia, capitas de polvo se alborataban ligeramente sobre un suelo sin huellas, oscuro y cargado de bancas. Abandonadas, las bancas; nadie madrugaba para sentarse sobre ellas. Ahora que el pueblo había terminado de agonizar, la soledad como un manto lo invadía todo y se regodeaba a su gana, comiendo hasta reventar de los recuerdos del aire. No se percataba del día, ni de la noche, porque no les temía. En esos valles asfixiados por la sequía apenas y soplaba el odioso viento de vez en cuando, imposible de contener, moviendo centímetros de cosas, desordenando ligeramente su reino. Maldito. No podía hacer nada, pero era tan débil, siempre tan débil el viento, que daba igual.
Silencio, soledad...nubes, nubes, nubes. Esa noche llovió. Esa noche, cuando llovió...

La soledad rugió, se removió hasta sus cimientos; lloró con rabia y se extendió a través de todo el espacio para llenarlo de quietud, pero como no escampaba, ni lo haría en muchas horas; no tuvo más remedio que abandonar las plazas, las casuchas y los recovecos, para correr a refugiarse bajo los fuertes cimientos de la catedral, y esperar, salivando odio, a que terminara todo. De forma que se quedó dormida, acurrucada sobre sí misma hasta que amanezca. Y entonces, cuando salió vio que todo el pueblo era un charco, las calles antes invisibles, ahogadas por el polvo y la decadencia, asomaban su rostro débilmente, volvían a delimitarse. Pero el sol de medio día no tardó en apagarlo todo. Pasaron semanas, dos. Y la plaga que se alimentaban del recuerdo, dueña de todo lo baldío, volvía a deslizarse limpiamente sobre sus dominios. Eran días en que la vieja cuerda del campanario no daba señales de vida, y la campana seguía ciega; pero una tarde se sintió más frío del habitual. A través de la llanura habría podido observarse ejércitos de nubes oscuras viniendo. Esa noche llovería, y la otra, y la otra. Durante semanas la desolación iba a temblar, escondida en su rincón y de día saldría a reparar sus tesoros de quietud, sin más herramienta que su trabajo, que se mueve lento, con los años. Soportaría, curtida en desastres, trajinada en la inundación, días y meses, como una ciudad siendo sitiada.
Y un día, cuando el primer hombre vuelva, cuando sus hijos de nuevo crezcan sobre la misma tierra; los ecos de la vida se comerán la soledad, y tal vez la vieja cuerda se sacuda los años de polvo, y poco a poco, la campana recobre la vista.