La sala-cueva había sido linda.
Cuando llegó la sombra del sol, lo cogió de lleno en el rincón bajo las escaleras, con una media salida y legañitas en el ojo izquierdo.
La sala-cueva...oh, la tele samsung...
oh, el control remoto en su forrito Vinifan ...todo el frescor de la sala-cueva...(sacada de lengua a la luz del sol)...
mmm... caracho, dónde me habré dejado yo la otra media??...
oh, el chapulín... ya empezó, maratón del chapulín... 3 horazas de chespirito...ouooohh.
(Narrador)Oh, Hidrandina...Oh, es Domingo, apaguemos los generadores........Pluf! se fue la luz.
Tardó un poco en comprender que no vería Chapulín esa mañana. Caracho. Encontró su otra media y se sacó la legaña.
-Kitty!
-miau (qué)
-Vamos a jugar. Tú eras el caballo de este muñeco.
-miau (no gracias)
-Bien, y tu caja de arena era el desierto.
-miau (está de caca)
-Vamos, kitty.
-Ya ps, qué voy a hacer...(miau!).
19 abr 2008
Fbck hace diez años
18 abr 2008
The magic of giving
Este es un comercial que no vi en su momento, tiene más de un año; pero como en internet las cosas pululan sin fecha de caducidad, me lo encontré recién jeje... un ejemplo de anuncio.
17 abr 2008
a veces quiere desaparecer
Hoy llovió y después que llovío, volvió a llover. Y los ricos pusieron un embudo en sus piscinas y una tabletita celeste para azular el agua.
Luego paró, pero volvió a llover. Y así todo el día. Salía el sol y se volvía a ocultar. Llovía cuando iba a la academia... llovía cuando estaba en la academia... llovía cuando estudiaba en la academia, cuando hacía un chiste, cuando no hacía un chiste, y cuando salía también. Llovía cuando iba a la biblioteca, llovía aún mientras trataba de estudiar y el ventanal de en frente mostraba que incluso granizaba líquido o algo así, luego se veía un rayo y después sonaba el trueno (porque la velocidad de la luz es más rápida que la del sonido, me dijo mi papá hace la pera de años). Y cuando dejó de llover, luego volvió a llover.
*biblioteca joan miró*
Un señor con pinta de alemán hippy, auque talvez español, nunca se sabe; le daba golpecitos a las hojas de su libro y luego se peleaba con una bolsa de plástico. Al final se rindió y guardó su libro en la bolsa, se puso la camisa y se largó.
Breve momento en el que pienso que está loco, luego también pienso que de repente soy muy cuerdo, o que a lo mejor el señor es un alma libre y le llega todo a su alrededor, porque ahorita mismo lo veo largarse mientras todavía llueve estilo diluvio. Señor, oiga, está lloviendo, oigaaaaaa...
-Tun Sie nicht Störung!!
-Salud.
Tal vez como es alemán no me entendió. Tal vez como no lee mentes, tampoco se enteró de que le hablaba.
Entonces le pregunto a Edgar Allan Poe, pero no me hace caso, Edgar, edgar, edgar... el gringo está ocupado contando la historia de otro gringo que se llama Usher. Bueno, bueno; le digo, pero que conste que eres muy descriptivo para mi gusto.
*bicicleta camino a la casa de mi primo*
...sin manos, sin manos, sin manos, sin manos....(charco de agua, la rueda patina...ay caracho, casi me saco la ñuña).
*casa de mi primo*
-Claro, me dice, como soy negro me pones ejercicios trancas, pérate que llame a mis colegas.
-Tamáquina, si no eres negro; eres payaso!
-uhhhh, osea que no puede haber payasos negros...
*Vuelta a mi casa, bicicleta*
sin manos, sin manos, sin manos, sin manos...
*Casa*
habichuela's tears.
6 abr 2008
emmm...taxi?
Los minutos se escurrían y ya casi como su sudor que se anunciaba, allí por la frente, con él de pie sufriendo un sol que en realidad no quemaba mucho, medio gay todavía porque el otoño no se termina de ir. Se rió de esto último, y también se acordó del mar sin olas, por si fuera poca la asociación. Cuando se le atraviesa un viejito. Y entonces reflexona para sí: viejito con plata, viejito que no se deja morir. Porque no son pocos, la verdad, los abuelos que uno ve por la calle, los sanos, digo, porque los otros también andan metidos en alguna residencia. Menos éste que, como decía, se le atravesó delante y le ganó el taxi. Bueno, dijo él, al cabo que se lo iba a dejar. Y era cierto poque ya sabía que si no, luego le vendría el remordimento, viejito bajo el sol, esperando, se aburre, y el calor lo adormece, quién sabe tal vez y daba un pasito más adelante y splash que lo arrollaba un motero. Motero que por lo general siempre es la antítesis del viejito: niño imprudente que no toma taxi porque tiene moto y así liga más, hasta que se accidenta. Pero el caso es que el abuelo no se llegó a accidentar porque se cogió el taxi primero. Y Habichuela (quién más podía ser) dijo: bueno, me espero otro. Aquí hubo un silencio, hasta consigo mismo, muy incómodo, y al cabo decidió que el otro taxi sería suyo. Pero no venía ninguno, y él ya casi, nótese casi, se impacientaba. Para entretenerse se acordó del miedo de estarse dejando algún documento, revisó todo con paciencia, muy bien. ¿Y el dinero?, no, no había problema, también lo traía; y empezó a tranquilizarse.
-¿También esperas taxi?
Una señora muy enternecedora de rostro maternal, tal vez con semanas de embarazo, se le acercó delante de su esposo para preguntarle.
-Ah...sí-(sonrisita no cuesta nada, y la señora es tan linda que aunque me cueste un ojo de la cara le sonrío).
Ahí no más llegó un taxi y el hombre se hizo a un lado para que Habichuela lo tomara, pero esto casi ni lo dudo. La pareja llevaba un bolso grande y gordito, color celeste como de bebé, y encima tenían cara de que iban a ser unos padres estupendos y que iban a criar unos hijitos muy pero muy buenos que serían médicos de alguna ONG.
Y cedió su taxi, de nuevo, contento, aunque esta vez ya un poco preocupado de estarse demorando más de la cuenta. "El otro es mío" , "el otro es mío", se repitió como siempre que se repetía las cosas, mucho le gustaba repetirse las cosas, a veces no le bastaba con pensarlas; en especial cuando algo no le salía.
-Esperas taxi, ¿no?
Una chica, más joven que la madre modelo, e irremediablemente linda, no, madre no, le faltaban años, pero sí con una cara de que iba a ser una tía maravillosa para los niños médicos de la ONG. Y justo allí, tentador, se avecinaba el otro taxi, letrerito verde de vacío, muy encendido. Habichuela dudó, dudó mucho. Miró a la tía de los niños médicos, luego al taxista, al letrerito verde, el reloj de su móvil, y por último se miró así mismo imaginariamente, se acomodó un cabello y estiró el brazo.
Ella sonrió muy buena, como que se esperaba que le cedieran el taxi, mentalmente ensayaba un "gracias, por mis sobrinos". Lo cierto es que el joven ése, sin mirarla cogió y se subió a su taxi, incluso le dijo al taxista acelere o algo así, y se largó; dejándola sin nada, qué falta de consideración.
-Pero si soy la tía más buena del mundo-gritó.
(Aquí es necesario aclarar un poco, por si acaso. Nótese que dijo tía en el sentido de tía de algún sobrino. Y que dijo buena, no en el sentido de estar buena, sino en el otro, de ser buena).
La verdad es que Habichuela ni la oyó. En ese momento estaba perdiendo y volviendo a encontrar el dinero del taxi.
30 mar 2008
Las de Sálem II
-Ay, mi chikistrikis; seguro que se emocionó por la casa nueva-dijo la vieja pelleja que en realidad no era tan vieja, pero daba la impresión. Y además dijo "casa nueva" a lo que el chico contestó con unas cejotas muy muy fruncidas.
-Pero qué niño tan lindo-y ya la vemos ahí jalándole el cachete con una pizca de odio. Porque la vieja pelleja odió al niño desde el primer segundo, ni bien lo vio, con tanta anticipación que casi y lo odió antes de verlo. Eso sí, siempre fingiendo que era el niño más mono del mundo, adorándolo, bien hipócrita; en parte para caerle bien a la señora de la casa y en parte porque le encantaba ese tipo de odios, que no se pronuncian abiertamente y se manejan mejor y más rico escondidos tras montañas de hipocresía. A diferencia del nene parecido a habichuela, que llamaremos Habichuelita, y que siempre le jugó honestamente, abiertísimo con lo que sentía.
-Mamá, la detesto.
Y cosas así le decía a su mamá, semanas más tarde cuando ya la señora le había caído pésimo, a pesar de la buena disposición que pudo el niño tener al principio y de todo el esmero con que le aplicaba "sonrisita no cuesta nada". Se quejaba, pero sin darle razones concretas a su madre, puesto que no quería su intervención. La derrotaría él solito, se decía; por lo menos a la señora porque a la menor no la detestaba. Es que las de Sálem, como suele ocurrir, eran hermanas. La vieja pelleja sólo era la mayor, y había llegado con su hermana pequeña. Linda pero con una cara de viva, la morena, veintitantos y en su esplendor, bella. Algo así como sería su hermana, pero con toneladas de años menos y el rostro bien planchadito.
-Cómo se nota que no la quieres, hijito-decía la madre, y luego bajaban las de Sálem a desayunar. La madre apuraba su tacita de leche con cocoa, luego le daba un besito en la frente a su hijo y se marchaba bien rápido al trabajo. El niño ponía una cara de como si le hubieran abandonado de verdad, mientras que las de Sálem, ni bien la madre cruzaba la puerta, ya se consideraban dueñas de la casota, tan bonita y colonial. Se sentaron con él a la mesa, acomodándose como si fueran eternas y hablando de sus cosas, ignorándolo por completo y él sin decir nada, porque en verdad lo agradecía. Por esas semanas el niño no perdía aún las esperanzas de una convivencia pacífica, a pesar de todos los indicios.
-Un poquito más de leche?, te hago otro pan con mermelada?-Le encantaba el jueguito de la hipocresía a la vieja pelleja, siempre le insistía, a pesar de que con su agudísimo oído una vez se enteró de que al niño le caía muy mal al estómago comer demasiado durante el desayuno.
-...
-Ay, qué niño tan mudo, pero encantador. Seguro que nos lava los platos porque ahora que veo el reloj estamos muy pero que muy tarde, mira: la agujita gorda en el número nueve y la más flaquita en el diez-le encantaba además hablarle como si fuera retardadito.
A pesar de todo Habichuelita no se negó a lavarles los platos. En su inocente corazón se desperdiciaba el último intento por hacer las pases y caerles bien.
-No se preocupe, doña. También llego tarde al colegio, pero se los lavo-y miró a la morena guapa, pero ésta no le dio ni las gracias, en cambio la otra sí, nomás por seguir con lo de la hipocresía.
-Sencillamente encantador-dijo.
27 mar 2008
La pensión I
Por esos tiempos la casa grande, costeña y señorial, Chimbotana y oliendo a sales todavía(la ciudad aún no empezaba a apestar a pescado); se había convertido en una especie de pensión, por esto del crecimiento industrial-pesquero, la inversión extranjera y el hecho éste de que cuando un sector crece, algo les chorrea a los otros, pero todavía ni gota, hijito; le dijo su mamá; hasta eso alquilamos cuartos que la migración se nos viene y aquí hay negocio.
Habían tres habitaciones disponibles. En una se había instalado una señora regordeta y colorada que llegó de Trujillo. Venía para trabajar en la fábrica nueva de la urbanización que ayer era puro pampón y ahora casi hasta tenía su placita de armas. Ningún problema con ella, principalmente porque era sola, tenía sus cosas en su cuarto y de común, nomás usaba el baño y la cocina. Hasta empezaron a llevarse bien con el nene, a pesar de que éste no siempre sabía qué decirle cuando se la cruzaba, a las justas y le aplicaba "sonrisita no cuesta nada" bien perezoso(ya les había dicho que era idéntico a Habichuela) y luego seguía de largo. Pasaron un par de semanas y ya el niño le cogió confianza. Si bien en un principio había sentido recelos típicos hacia la extraña por esto de que vivía en su casa, definitivamente no tuvo problemas con ella y andaba tranquilo. Hasta que llegaron las de Sálem.
-No hijito, también vienen de Trujillo.
Sí, mami. Pocas películas veía su mamá y el niño igualito a Habichuela decidió que mejor no la contradecía.
25 mar 2008
manos trizadas
Se incorporó sacudiéndose el polvo estelar, pero sintió el jalón antes de bajar a mirar la carretera tras las verjas de la casa. Un hilo de plata le unía a su cuerpo del otro extremo, a cada paso se tensaba más, prohibiéndole la noche
-Ah!
Tiró del hilo con ambas manos, muy fuerte hasta lastimarse y dejarlo. Pero con el último intento pudo ver que algo de cuerpo había logrado arrastrar. Un brazo ya colgaba del marco de la ventana. Y el hilo había aflojado un poco, pero no suficiente, porque sus pasos esforzados resbalaban todavía sobre el trecho que no lograba alcanzar. Desesperaba y alargaba la mano para sentir más frío, más viento, tocar el jardín que a esas horas murmuraba su excitación con sonidos diversos, detallados y extraños. Y de pronto toda la noche se le hacía especialmente deliciosa, exquisita, y muy en contraste con el radio que le marcaba el estúpido hilo plateado, insípido hasta no poder más.
-Insípido y egoísta-grito. Lo olió y tampoco olía nada.
-Inodoro-añadió- y cruel.
Esto último porque miro sus manos, y la sangre se le derramaba. Pero el hilo seguía sin inmutarse. Además de todo irrompible. Apretó los dientes y tiró otra vez del hilo, esta vez haciendo rabietas. Y tiró otra vez, con más furia, lastimándose de nuevo; pero impulsado por su deseo de traerse abajo el cuerpo que tanto le estorbaba. Los brazos ya colgaban de la ventana, la cabeza, medio cuerpo ahora, y la cintura. Ya sólo le quedaba un último jalón, pero se detuvo. No sería capaz, pensó. Se mataría talvez, o se haría mucho daño. Pero la noche le sedujo otra vez, le besó en la nuca y en los labios, hay más de lo que ves. Y le habló de los viñedos, más lejos, a medio camino, de otros jardines y noches más claras, frías y complacientes. El otoño ya ha terminado, le decía, las flores, las flores de los cercis, no, no...ya son rosadas,le susurró al oído, le acarició... y caen a cientos, porque no se dan abasto entre las ramas...Así le endulzó el entendimiento, así le dijo y le siguió diciendo tanto, que fue capaz, tuvo la fuerza en los brazos y toda la determinación del mundo, a pesar del dolor de las manos, de los dedos trizados, fue capaz, mucho, mucho.
Traté de seguirle, pero mi propio hilo de plata ya estaba tenso al máximo. Habichuela dormía del otro extremo, y yo no era capaz de hacerle daño. Así que sólo lo vi marchar. Se fue arrastrando los brazos, sangrando el camino; jalando del cuerpo al que estaba atado.





